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Garcia Coto, Miguel Angel

Durante mucho tiempo hemos tenido una visión binaria de la conducta de los niños: mirar como oposicionista y desafiante a quien no se adapta a normas y regulaciones: poniendo el problema en lo externalizado: la “conducta inadecuada”. Que tal si nos preguntamos?: ¿Qué es lo que le pasa a un chico que se porta así y encima sufre al hacerlo?, ¿será que este niño; si pudiera se comportaría diferente?, ¿porqué no puede?, ¿porqué no funcionan los “límites”?. Acá les presento al Síndrome de Evitación Excesiva ante la Demanda (SEED), como concepto que, tal vez nos ayude a comprender mejor a los niños para quienes la vida de todos los días es un obstáculo que “tienen” que evitar: la adaptación a las relaciones con las personas en ambientes comunes (su casa, la escuela, la plaza, etc) es un gran esfuerzo y una lucha permanente contra el estrés que le producen cataratas de cosas que solo puede resolver eludiéndolas. Nuestro gran desafío como adultos en general y como terapeutas en particular es 1.- redirigir nuestra atención y marcos de referencias a tratar de entender a ese niño que no está pudiendo con las exigencias comunes y 2.- buscar soluciones tanto para él como para sus maestros, sus terapeutas y por supuesto y mas que ninguno para sus padres: los sospechosos de siempre de una psicopatología adicta mas a repetición de lugares comunes que a la comprensión de personas individuales. La Dra. Elizabeth Newson describió y estudió desde los 80s, el concepto de PDA (Pathological Demand Avoidance Syndrome), para referirse a niños con una gran sensibilidad ante las demandas comunes del ambiente social y físico, con un costo muy alto en estrés, intenso y crónico relacionado con la atención que ponen en su desempeño diario para neutralizar todo tipo de pedidos o cambios. El rango expresivo de la evitación es amplio y va desde las explosiones conductuales muchas veces inesperadas hasta las postergaciones infinitas, excusas increíbles con manipulación de la conducta de los demás, etc con lo cual intentan lograr el control de toda situación que excede sus recursos de resolución. En dicho control son capaces de leer en los demás las claves que anuncian posibles intromisiones, como prioridad absoluta, capacidad que no siempre pueden activar en situaciones sociales. Y desde esta posición entiendo que la Dra. Newson y colegas consideren que PDA es un diagnóstico secundario a TEA (trastorno del espectro del autismo). No obstante nuestras observaciones se extienden (en la mayoría de los casos) a niños que aún con rasgos, no puntúan para TEA, a veces para algún otro trastorno y, tal vez en la mayoría de los casos no se llega a un diagnóstico convencional pero si en cambio a un diagnóstico de trabajo, que es el importante, el que define que pasa y que habría que hacer por el niño y su familia para ayudarlos. De todo esto nace el término SEED: por su posible entidad clínica (aún por demostrarse) y también poética: seed = semilla.

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Tengo muchos NO en mi cabeza Para algunos niños portarse bien; no es una opción disponible.
Garcia Coto Miguel Angel


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