El libro es una recopilación de memorias y experiencias que tuve. Todo es puramente subjetivo y son cosas vividas por mi “Yo González”, encargado de edificio durante casi tres décadas.
Tenemos seis relatos centrales que retratan vivencias intensas, trágicas y conmovedoras ocurridas en distintos edificios donde trabajé.
El gran prólogo de Topo Ramone destaca el valor testimonial de estas historias: “Lejos de simples chismes de consorcio, se trata de episodios que marcaron la vida del autor y que reflejan la intimidad cruda de la vida urbana”.
El libro se cierra con reflexiones sobre la transformación del rol del encargado, la deshumanización de la vida en edificios y la necesidad de preservar estas historias para no dejarlas perder en el tiempo.
Se destaca por su autenticidad, no busca un estilo literario cuidado, sino transmitir desde la oralidad y la sinceridad lo que le da frescura y credibilidad.
Yo escribo como hablo: directo, barrial, con humor y giros coloquiales que lo único que busco es acercar al lector.
La obra logra un doble efecto: por un lado, documenta la vida cotidiana en los edificios, con sus luces y sombras; por otro, funciona como un espejo social mostrando la soledad, el dolor y la violencia que pueden esconderse detrás de paredes limpias y veredas prolijas.
Y yo me expongo emocionalmente, con recuerdos personales, comentarios sociales y hasta críticas al oficio.