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ISBN: 978-9877638356
EDITORIAL DUNKEN
COLOFÓN: 2018-12-17
80 páginas
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Sinopsis

Hace un par de años decidí tratar de darle un contexto más formal a mi gusto por la fotografía y me inscribí en un curso dictado por Juanjo Gallardo en un centro cultural. A Juanjo debo mencionarlo porque no se cansaba de insistir en el hecho de que debíamos dejar de “sacar fotos” y comenzar a “hacer fotografía”. Eso es lo más relevante que aprendí en el curso. Si bien aún hoy no podría explicar exactamente de que se trata el “hacer fotografía” o si lo logro, por lo menos por momentos, ahí mi cabeza hizo un pequeño clic y empecé a darme cuenta de que podía buscar algo más que una imagen, algo quizás más relacionado con lo que estuviera expresando el objeto retratado. 
Si bien quizás es más fácil de encontrar en las personas, también los paisajes tienen una expresividad que puede transmitir algo. Al fin y al cabo los seres humanos es eso lo que buscamos, algo que nos conmueva, que nos transmita una sensación, que toque esa parte que nos hace humanos y creo que eso es lo que mi primer profe de fotografía quería decir con “hacer fotografía” y me gustó empezar a buscarlo, me dio satisfacción pensar que en algunos casos podía encontrarlo y mucha más satisfacción aún cuando otras personas también expresaron percibirlo.
Primero traté de concentrarme en la cámara réflex, pensando que un verdadero fotógrafo debía tener una buena cámara, pero de a poco me fui dando cuenta que el secreto de mis fotografías no estaba de la cámara para atrás, sino de la cámara para adelante y de a poco también fui encontrando las ventajas y opciones que daba, en ese sentido, el teléfono celular.
Poco a poco la cámara me empezó a “pesar” y me di cuenta que si me gustaba retratar situaciones espontaneas de la cotidianeidad, el teléfono celular brinda buenas posibilidades aunque se resigne calidad: al teléfono lo llevamos siempre encima y además las imágenes pueden tener una calidad aceptable Poco a poco el teléfono fue ganando por goleada y prácticamente dejé de usar la cámara de fotos.
Por lo tanto, en un período bastante breve, me di cuenta que me atraía retratar situaciones cotidianas y espontaneas, que no me preocupaba demasiado la calidad de la imagen, sino la expresividad de la escena, que el teléfono celular, con sus pros y contras, era el mejor asistente, que con una mínima edición podía lograr lo que quería mostrar y que finalmente, había gente que percibía lo que me gustaba mostrar, que es quizás lo mas importante, transmitir algo.
Un poco súbitamente, las personas que veían las fotos comenzaron a expresarme que les gustaban y entonces y por el aliento de algunas de ellas, decidí avanzar con este libro. Agradezco entonces a Silvia Quintana y Horacio Vicente que me entusiasmaron para tomar esta decisión.
Después de 35 años de profesión, esta es la primera vez que realizo una actividad fuera de la Geología y aunque sea en forma amateur, me doy cuenta que hacerlo me cambia un poco. Si al mismo tiempo logro que estas fotografías les gusten a alguien, ya sería motivo suficiente para sentirme satisfecho.

 

 

 

 

 





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