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ISBN: 978-9870296409
EDITORIAL DUNKEN
COLOFÓN: 2017-05-08
304 páginas
Ensayo

$350
u$s4.00
Sinopsis

Respecto a estas Notas para Ocho Ensayos Inconclusos el autor debe en consideración a quienes lean los escritos que aquí se reúnen, algunas aclaraciones previas. La redacción de estos esbozos se extiende temporalmente desde 1965 hasta 2011, es decir, abarcan un período de cuarenta y seis años. Largo lapso durante el cual publiqué, sin embargo, cinco poemarios y un extenso estudio sobre Charles Baudelaire. Durante ese mismo y dilatado ciclo de mi vida seguí trabajando en temáticas directamente filosóficas referentes a Antístenes, Hegel, Kierkegaard, Marx, Husserl, Heidegger y Bachelard, entre otros, trabajos que, posiblemente, vean la luz editorial en un tiempo cercano. Si en algo podría intentar caracterizar la empresa asumida en ese período de mi vida, la sintetizaría en el esfuerzo encausado a Rescatar la Palabra, la Palabra Auténtica, la Palabra Verdadera, y remontarme desde Heráclito, hasta llegar a Freud, a Heidegger, Lacan, etc. Y como hace años escribí un poema en prosa titulado, precisamente, RESCATAR LA PALABRA, quiero en esta oportunidad compartirlo en el espacio que me dona la propia solapa del libro:“Quiero retomar la palabra, la infeliz, deplorable, espantosa, traidora, informe, palabra que repito en su falsa inocencia, en su disfraz de virgen abnegada, mística y flagelada palabra que escribo a sabiendas que lo que tú dices es lo que yo digo, o no quise o no sabía que decía eso que dice la palabra, bifronte hiena que ríe con la falsa risa que es su aullido en el silencio nocturno donde los ojos de los búhos lloran el dolor que soportan por mirar el mundo cuando las sombras envuelven todas las miserias y solo muestran las palabras que a diario traficamos en el comercio de la vida.“Palabras que estaban antes de todo movimiento, justamente allí, esperándome, junto a otras apretujadas en leyes, habitando ordenamientos, constituciones, reglas, deberes, prohibiciones creadas también por palabras, y órganos institucionales predispuestos para hacer de ellas, las palabras, la justificación de todas las miserias, vicios, crímenes, guerras, prostituciones… las palabras… las propias palabras que limitan, restringen, prohíben otras palabras o condicionan su uso a la monótona habladuría a que nos somete el tráfago que la ciudad impone para subsistir.“Esa palabra, siempre en paralelo –o tal vez no– a una referencia, a un referente, hacia el cual mira nuestra mente cuando la escuchamos o pronunciamos. Referente que puede estar dentro o fuera del sujeto del habla, del sujeto portador-intermediario de la palabra que sí, podemos afirmar, le antecede y le ha sido externa, hasta que en el proceso de aprendizaje la interiorizara. Al interiorizar la palabra el sujeto se historiza, se hace histórico, deja de ser pura naturaleza para ingresar y pertenecer a un grupo humano determinado que habla una Lengua-Palabra específica y habita en un punto geográfico de la tierra. Y así cada palabra, a su vez, tiene una historia propia más allá de la historia específica de ese pueblo o grupo humano concreto. El Sujeto-Palabra que somos, repito, se hace histórico, cuando habla, en un doble sentido y más allá de su buena o mala voluntad. Y esa palabra que hablamos y ese lugar desde el cual la emitimos es una pura contingencia inexplicable que la hizo nacer desde ese terruño o pasado que cada palabra soporta, carga histórica de la cual la etimología es solo una y nada más que una, porque esa palabra, por ejemplo isla, que el castellano toma del latín insla-ae, isla, casa aislada, casa de vecindad, manzana de casas de alquiler y, primitivamente, templo, tal vez porque el templo era un espacio aislado del espacio profano, un espacio sagrado, una isla dentro del mar secular”.





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